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Mi vida es mía

Mi vida es mía

 

 

Ilazki reflexiona sobre lo que es “normal” cerca de los 30 y lo que le llena a ella en estos momentos. ¿Crisis de Peter Pan o querer hacer lo que le apetezca?

 

 
¿Qué es llevar una vida acorde a tu edad? ¿Hacer lo que hacen las personas que tienes a tu alrededor? ¿Hay algún guión o libro de instrucciones para hacer las cosas necesarias en el momento preciso? Yo aún no lo he encontrado en ninguna librería, y ¡menos mal! Porque no me gustan las instrucciones, y menos aún, si son impuestas. Pero los medios de comunicación y lo que va cambiando en mi entorno me van recordando que la vida a mi edad tiene que ser más asentada que la que llevo. ¿Será que voy por el camino erróneo? O… que, simplemente, ¿estoy siguiendo en cada momento lo que siento que me llena y quiero hacer?

Me faltan un par de añitos para los 30 y la gente que tengo alrededor ha empezado a casarse, a tener hijxs, etc. Lo normal. Lo entiendo y me hace ilusión, porque lxs quiero. Pero entonces me pongo a pensar si yo quiero hacer lo mismo y creo que no, al menos por ahora. Unas frases atrás he puesto “lo normal”, pero, ¿qué es lo normal? Hace unos años “lo normal” era casarse y tener hijxs más cerca de lo 20, que de los 30. Y ahora, eso se hace más cerca de los 30. Por lo tanto, para qué voy a hacer lo normal, si hasta eso cambia. Hasta la norma cambia. Creo que es mejor hacer lo que quiera y crea que es lo mejor para mí en cada momento, sin sentirme presionada por lo que pasa a mi alrededor. Hay tiempo para todo, y, sobre todo, creo que es muy necesario pensar y sentir lo que cada una quiere hacer con su vida. Quizás yo no esté preparada para ser madre y nunca lo sea, o quizás sí; pero no voy a hacerlo porque tenga que hacerlo, porque sea el momento. No. Cada una piensa y siente diferente, tiene unos objetivos en la vida. Los míos por ahora son buscar trabajo, encontrar un pisito acogedor en el que me sienta tranquila y seguir aprendiendo y creciendo. Viajar. Sentirme segura y crecer. A mi manera. Gozar de mi vida, sin instrucciones.

No digo que no vaya a ser madre, pero no ahora. Tampoco digo que no me vaya a casar, pero seguro que no será por la iglesia, y seguramente, será sin invitados. Los papeles y punto. No sé qué vida voy a llevar, supongo que, simplemente, la mía. No la de nadie más. ¿Y eso qué significa? Hacer lo que me de la gana y pueda en cada instante. Hace unos años dejé un trabajo seguro para marcharme a México y empezar una nueva vida allí. Fue increíble y no cambio eso por ningún trabajo fijo. Crecí personalmente, profesionalmente y aprendí y viví cosas inolvidables. Viajé por diferentes países, sola y en compañía. Conocí a personas que se han quedado en mi corazón para siempre. Y eso no lo paga la Mastercard. En vez de estar allá, viviendo todas esas experiencias, pude seguir en aquel trabajo en Donostia (mi ciudad natal), seguir con la misma pareja y quizás haber tenido un hijo o hija; pero no quería eso y no lo hice. Decidí coger otro camino que me hizo feliz en ese momento y marcó mi futuro.

Si os digo la verdad, no sé qué haré, ni cuándo. De lo que sí estoy segura es que no haré las cosas porque lo dicte una obligación que llega desde no sé dónde. Tampoco voy de ir a contracorriente y de ser antitodo por “ser guay”. No, tampoco es eso. Simplemente, digo que quiero crecer a mi manera. Ahora no voy a ser madre. Ni quiero atarme con una hipoteca, entre otras cosas, porque no puedo. Pero tampoco quiero. Aún quiero vivir muchas cosas que no podría hacer con una personita a mi cargo. Puede que de aquí a un año, o dos, o tres, cambie de opinión. Pero ahora no. Eso qué es, ¿que no quiero ver que ya llegan algunas responsabilidades que no quiero asumir? ¿Que tengo el llamado síndrome de Peter Pan que parece ser que nos pega cuando llegamos a los 30? No lo creo. Lo único que tengo es ganas de hacer lo que quiera sin que nadie, pero cuando digo nadie, es nadie: ni la sociedad, ni los políticos, ni la familia, ni las amigas y amigos; me digan qué es lo correcto en mi vida. Nunca lo he hecho, pero ahora siento que es más macarra que antes no hacer “lo que deberías a tu edad”; porque ahora eso supone eludir responsabilidades. Pero es que yo no entiendo la vida con “deberías”; la entiendo a través de sentimientos, impulsos, responsabilidades que yo quiera asumir sin que nadie me obligue. Si quiero y me apetece (y me dejan) estar en un trabajo toda la vida, pues genial. Que no estoy hecha para eso, y quiero cambiar de trabajo, de pareja o de casa cada año porque necesito cambio y movimiento, pues genial también. ¿No?

¿De quién es mi vida? Mía.